Como se ha mencionado anteriormente la violencia ha experimentado una serie de transformaciones a través del tiempo, esta se ha diversificado y expandido, especialmente entre los jóvenes, donde las tecnologías digitales han emergido como espacios claves de reproducción, representación y normalización de prácticas violentas. Para comprender cómo las tecnologías digitales han influido en la normalización de la violencia hay que entender que las personas construyen y son construidas por la realidad social, es decir, que las personas y la realidad social se van formando en conjunto donde ambos se van moldean; “el lugar que ocupan en la estructura social, y las experiencias concretas con las que se enfrentan a diario influyen en su forma de ser, su identidad social y la forma en que perciben la realidad social (Costas, s.f).
“Las representaciones sociales refieren a formas de conocimiento elaboradas y compartidas al interior de un grupo que participa de prácticas sociales comunes y que tiene una determinada inserción en la estructura social” (Moscovici, 1984; Jodelet, 1986, como se citó en Costas, s.f).
Esto permite comprender cómo los jóvenes internalizan nociones de violencia a través de contenidos audiovisuales como son los videos, memes y publicaciones que normalizan agresiones, que al estar en plataformas de consumo cultural masivo como son las tecnologías digitales estas se vuelven acciones aceptadas e incluso deseadas, afectando en la noción de lo que es violento.
Esta aproximación toma relevancia cuando se manifiesta directamente en el primer objetivo específico, que busca reconocer cómo la violencia es representada y difundida en las tecnologías utilizadas por los jóvenes en Chile. En este sentido, Flores y Browne (2017) señalan que el “nivel de uso por las nuevas generaciones chilenas alcanza una trascendencia tal que reconfigura sus procesos identitarios y sus paradigmas relacionales” (p. 147). Esto implica que las redes sociales, y las tecnologías digitales en general, no sirven únicamente como herramientas de comunicación, sino que funcionan también como espacios en los que los jóvenes construyen y reafirman sus identidades y modos de relacionarse. De esta manera, se establece un entorno que puede amplificar o eliminar las manifestaciones de violencia de género tanto explícitas como simbólicas (Flores & Browne, 2017), lo que sugiere que la representación de la violencia puede ser normalizada o incluso invisibilizada por la propia dinámica de estas plataformas.
En cuanto a los modos específicos de violencia en redes sociales hacia comunidades marginadas y especialmente vulnerables, la comprensión del estigma resulta fundamental. Se entiende al estigma como la reducción del individuo a un ser anormal, diferente y desacreditado, siendo el individuo estigmatizado un otro diferente al individuo normal y completo, esta diferencia de lo que es considerado normal puede causar rechazo, exclusión y discriminación (Goffman, 1963/2006), la difusión de contenidos a traves de redes sociales no solo puede perpetuar esta diferencia, sino también, de la mano de esto, puede intensificar la discriminación y la violencia simbólica.
Un ejemplo de cómo las redes sociales dan paso a la formación y refuerzo de dinámicas y estructuras sociales de lo que es correcto y normal se ve en lo planteado por Blanco Ruiz (2014), quien indica que el uso de las redes sociales no solo posee implicaciones en la comunicación, sino que igualmente afecta las relaciones que se forman en relación con el género, la sexualidad y la identidad. Esta autora destaca cómo, a través de estas plataformas, se implementan sistemas de control en la pareja que son invisibles para los adolescentes y que, además, son vistos como una expresión de afecto (Blanco Ruiz, 2014). Esta dinámica ilustra un modo específico de violencia de género en línea que, al ser normalizado bajo la apariencia de afecto o preocupación, contribuye a la desensibilización y dificulta su identificación.
Finalmente, también se busca identificar los factores sociales, culturales y familiares que inciden en la aceptación de la violencia en conjunto con los factores tecnológicos, se entrelaza con la idea de que la realidad social y las personas se moldean mutuamente, siendo el entorno y cada persona con quien interactúa el individuo un agente que construye y confirma la realidad social en el que el individuo está inserto (Berger y Luckmann, 1966/2003), las tecnologías digitales siendo un factor más del entorno cotidiano del individuo que actúa en conjunto con los otros factores,no existiendo aislado de estos.
Las tecnologías digitales, al ser plataformas de “consumo cultural masivo”, se convierten en un vehículo para la internalización de mensajes violentos que se originan en el contexto social, cultural y familiar. Bajo una mirada latinoamericana, y a falta de estudios enfocados en el caso chileno, en “Normalización de la violencia en redes sociales: Un estudio de casos con adolescentes costarricenses”, García Martínez et al. (2024) sugieren que la exposición a esta violencia en el entorno digital “puede ser percibida de forma normal o no darse cuenta de la gravedad del problema” (García Martínez et al., 2024, p. 2). Esta percepción de normalidad es un claro indicio de la desensibilización y resalta cómo los factores tecnológicos, al facilitar la exposición constante, exacerban la aceptación de la violencia influenciada por los entornos sociales, culturales y familiares preexistentes.
Referencias
Berger, P., y Luckmann, T. (2003). La construcción social de la realidad. (S. Zuleta, Trad.). Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1966).
Blanco Ruiz, M. Á. (2014). Implicaciones del uso de las redes sociales en el aumento de la violencia de género en adolescentes. Comunicación y Medios, (30), 124–141.
Costas, M. E. (s.f.). Representaciones sociales. Universidad Nacional de Tucumán, Facultad de Filosofía y Letras.
Flores, P., & Browne, R. (2017). Jóvenes y patriarcado en la sociedad TIC: Una reflexión desde la violencia simbólica de género en redes sociales. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 15(1), 147–160.
García Martínez, J. A., Castaño Benavides, A., Herra Chaves, M., Villalobos Zamora, N., & Fallas Vargas, M. A. (2024). Normalización de la violencia en redes sociales: Un estudio de casos con adolescentes costarricenses. CPU-e, Revista de Investigación Educativa, (38), 1–25. https://doi.org/10.25009/cpue.v0i38.2864
Goffman, E. (2006). Estigma. La identidad deteriorada. (L. Guinsberg, Trad.). Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1963).

Organización de ideas: 6.9
Comprensión: 6.8
Contenido: 6.5
Aspectos formales: 7
Ponderación: 6.7
Organización de ideas: 6,9
Comprehensión: 6
Contenido: 6,4
Aspectos formales: 6,5
Nota ponderada 6,4