En base a los antecedentes presentados anteriormente, se señala que la normalización de la violencia entre los jóvenes de Chile es un fenómeno complejo que se construye y reproduce en diversos niveles, en especial debido al uso de las tecnologías digitales, como lo son las redes sociales, las cuales no solo son medios de comunicación, sino que también se han convertido en espacios de interacción simbólica, construcción identitaria y validación social. Debido a esto, se hace necesario analizar el rol que cumplen las tecnologías digitales en la naturalización y reproducción de violencia en sus distintas formas.
Se entiende que la violencia no puede ser limitada a actos individuales, sino que está condicionada por las estructuras sociales, culturales y comunicacionales, los cuales modelan el comportamiento, percepción y la aceptación de ciertos actos. Donde las tecnologías digitales actúan como agentes socializadores, en el cual los jóvenes observan, reproducen y validan comportamientos violentos.
En este contexto, la teoría del aprendizaje social de Bandura (1977) es fundamental, debido a que explica que las personas no solo aprenden a través de la experiencia sino que también al observar e imitar a los otros, bajo esta teoría se puede explicar cómo los jóvenes internalizan conductas violentas mediante la observación e imitación de ejemplos que están presentes en las diversas plataformas digitales. Debido a la alta capacidad de la redes sociales para difundir contenidos de forma rápida y generar comunidades, actúan como agentes que aumenta la exposición de los jóvenes a conductas violentas/agresivas, que muchas veces están presentes de forma discreta, en cual frecuentemente se disfrazan de humor o entretenimiento, lo que facilita que este tipo de conductas sean “desensibilizadas”, es decir, no se vean como agresivas, si no como conductas normales e inocuas.
La desensibilización colectiva produce una brecha entre la violencia real y su percepción simbólica, es decir, dificulta la diferenciación de lo que es realmente violento, ejemplo de esto es el como insultos, amenazas, agresiones y/o bromas en los establecimiento escolares (o sus entornos) se pueden utilizar como entretenimiento en las distintas plataformas digitales, siendo así las tecnologías digitales utilizadas como herramienta que ayuda en el proceso de la normalización de la violencia.
El proceso de desensibilización no es algo simple e instantáneo, ya que según estudios como los de Funk et al. (2004), se necesita estar expuesto reiteradas veces al estímulo, en este contexto a la violencia, lo cual al estar presente de manera constante en la las tecnologías digitales, disminuye la percepción del daño y la gravedad de estas conductas, haciendo que estas prácticas sean normalizadas dentro de la sociedad, especialmente en los jóvenes. En el contexto chileno existen desigualdades sociales significativas y grandes tensiones históricas, algunas por el legado dejado por la dictadura y las desigualdades sociales que han marcado de manera significativa la relaciones en la sociedad, lo que hace que la normalización de la violencia sea más grave, al transformar las prácticas violentas en acciones socialmente aceptadas para ser utilizadas en diversos ámbitos, como lo pueden ser la resoluciones de conflictos y la construcción de la identidad social. Esto se puede relacionar a la teoría de la identidad social propuesta por Tajfel y Turner (1979), la cual propone que el sentido de pertenencia influye en la adopción de normas y comportamientos que justifican la violencia como forma de confirmación de pertenencia a cierto grupo y como herramienta para la conservación de su posición en este, la violencia entonces pasa a formar parte de la identidad misma de los jóvenes, a formar parte de su posición social, de sus relaciones, y de los grupos sociales a los que pertenece o busca pertenecer.
Estos grupos sociales son en parte inseparables del legado que la dictadura ha dejado en Chile, legado que divide a los jóvenes y los inserta en círculos de normalización y reproducción de violencia, las divisiones sociales que dejó nuestra historia entre grupos e ideas políticas han dejado abierto el camino a la proliferación de entrada a ideologías de extrema derecha en jóvenes, tanto en foros de nicho como en las redes sociales masivas, donde se comparte humor, desinformación y propaganda política que corresponde a una visión derechizada del mundo, estas juventudes pasan a ser parte de la derecha alternativa conocido como movimiento “Alt-right”, y es dentro de esta comunidad que imágenes y narrativas violentas son transformadas lentamente en normales. Esta normalización ha dado paso a muestras extremas de violencia en otras partes del mundo, ha llevado a acoso masivo hacía individuos específicos, y en casos extremos, la perpetración de actos de violencia masiva, como tiroteos (Munn, 2019). Las divisiones sociales que dejó este suceso entre grupos políticos, étnicos y socioeconómicos persisten y se reconfiguran en los espacios digitales, esto crea un terreno fértil para la formación de grupos identitarios en línea que pueden legitimar o incluso glorificar comportamientos violentos, y, en la búsqueda de jóvenes a pertenecer a ellos, también terminan internalizandolos.
A este punto, es necesario integrar la perspectiva de Berger y Luckmann (1966/2003) en relación a la construcción social de la realidad. Ambos hablan de que la realidad no está dada, no es inmutable, es en cambio una construcción intersubjetiva que se produce y reproduce por medio de la interacción social. Sí hablamos de tecnologías digitales, observamos cómo esta interacción se ve ampliada y acelerada. Las redes sociales no son ni sirven simplemente como un medio por el cual podemos comunicarnos y enviar mensajes, resultan espacios donde los jóvenes finalmente construyen realidades, desde ahí entienden el mundo y lo transforman, se comparten verdades ampliamente adoptadas y se dictan normas a seguir, además de que en su función de masificadoras de información y el conocimiento, pueden participar activamente en la objetivación de la realidad.
La naturalización de la violencia ocurre una vez que los jóvenes, expuestos a estas ideas y viéndose invitados a participar, internalizan estas representaciones como parte de un sentido común. No es irracional pensar que la velocidad con la que se viralizan y se difunden estos contenidos toma cartas en el asunto, esta puede dificultar la capacidad de reflexión crítica en los jóvenes y llevarlos a establecer la creencia de que la violencia es una respuesta legítima en ciertas situaciones, a veces demasiado cotidianas, como si la violencia fuera innata de las interacciones sociales, y por qué no, del ser humano, sobre todo en la resolución de conflictos o en la reafirmación identitaria.
Otra particularidad del caso chileno, como fue mencionado anteriormente, es el de amplias desigualdades sociales, estando en un país donde el 10% más rico de la sociedad gana 27 veces más que el 10% más pobre (OCDE, 2021). Esto ha dado paso a culturas divinidades en torno a estas desigualdades, en sectores más ricos existen situaciones de acoso masivo sin mayor control del ambiente que los rodea, donde palabras violentas se transforman en la norma, como es el caso de Katy Winter, estudiante del prestigioso establecimiento educacional Nido de Águilas (Alonso, 2018). Por otro lado, los sectores más pobres reproducen imágenes de criminalidad y violencia por medio de las redes sociales, se normalizan imágenes y lenguajes que corresponden a la narcocultura, glorificando el uso de armas, de prácticas violentas que van de la mano con aquellas delictuales, como puede verse en controvertidos casos donde se ha detenido a participantes de bandas criminales luego de que ellos grabaron y publicaron la comisión de delitos (T13, 2024). Por medio de la divulgación de imágenes de la comisión de delitos estos entran en el proceso de normalización, y quienes se encuentran dentro de estos círculos pasan a ver estas prácticas como normales e incluso deseadas.
En esa misma línea, sabemos entonces que estos contenidos agresivos en el entorno digital pueden llevar a una “desensibilización cultural”, un concepto que no se limita a la individualidad, sino que alude a cómo de manera colectiva o a un grupo le puede afectar esta problemática, cómo pueden llegar a perder la sensibilidad ante el daño y la agresividad, ya sea física, mental o emocional, abarcando cualquier tipo de violencia. De acuerdo a Moscovici (1984) y Jodelet (1986) (citadas en Costas, s.f) las representaciones sociales de la violencia son construidas y compartidas dentro de estos grupos en línea, transformando la idea y concepción de lo que es violento. Esta aproximación se conecta con nuestro primer objetivo específico: reconocer cómo la violencia es representada y difundida en las tecnologías utilizadas por los jóvenes en Chile. Flores y Browne (2017) señalan que el uso de las tecnologías digitales por las nuevas generaciones chilenas no solo reconfigura sus procesos identitarios, sino también sus paradigmas racionales, significando que la violencia es masificada o invisibilizada por las dinámicas de estas plataformas.
Esto se relaciona con nuestro segundo objetivo, que se refiere al análisis de los modos específicos de violencia en redes sociales hacia comunidades marginadas y especialmente vulnerables. Para explicarlo debemos entender la teoría del estigma de Goffman (1963/2006) y que las redes sociales, al ofrecer espacios que dan paso a la difusión masiva de contenido, tienen en sus manos el poder de calificar a ciertos individuos como “anormales” o “desacreditados” como diría Goffman. Por lo tanto, la violencia digital termina por perpetuar el estigma, y por añadidura, aumentar la discriminación y violencia simbólica contra grupos marginalizados, como mujeres, niños, tercera edad, la comunidad LGBTQIA+, personas racializadas, etc, así lo indica la Unidad de Género y Participación Ciudadana (2023) tras la realización de una encuenta ciudadana sobre violencia digital donde el 38.2% de personas LGBTQIA+ declaró haber recibido acoso cibernético, así como un 41% de niñas y adolescentes entre los 15 y 18 años.
Finalmente, para nuestro tercer objetivo que trata de identificar factores sociales, culturales y familiares que influyen en la adopción de la violencia en el contexto de los factores tecnológicos, la idea principal de Berger y Luckman (1966/2003) se fortalece para que la realidad social y las personas se formen mutuamente. La tecnología digital no funciona al vacío; Están integrados como otro factor en el entorno diario de un individuo que interactúa y está influenciado por las estructuras sociales existentes y la interacción diaria entre los jóvenes. Los factores culturales, sociales y familiares, como las desigualdades sociales prolongadas en Chile y sus tensiones históricas, están interconectados con efectos violentos del contenido. Según García Martínez et al. (2024) la normalización de la violencia en las redes sociales en Costa Rica muestra que los efectos digitales pueden conducir a la violencia como “normal o desconocido de la gravedad del problema”. Aunque este estudio se centra en Costa Rica, proporciona un valioso marco comparativo y enfatiza cómo la interacción entre la tecnología, los factores sociales, culturales y familiares contribuye a la desensibilización y la aceptación de la violencia, lo que justifica completamente la misma prueba de factor en el contexto de Chile. Las plataformas de consumo cultural masivas, que son un medio de internalización de mensajes violentos, resultan de estos contextos, consolidan el ciclo de normalización que requiere un análisis profundo y contextualizado.
De esta manera podemos decir que la normalización de la violencia de los jóvenes en Chile debe comprenderse como el resultado de diversos factores complejos entrelazados entre sí, donde las tecnologías digitales tienen un rol esencial en la formación de grupos sociales, identidad y comportamiento entre ellos. Las redes sociales no sólo reflejan prácticas violentas sino que participan activamente en su resignificación, generando marcos donde la violencia es aceptable, invisible e incluso deseable, y es por esto que cualquier acción que quiere disminuir la violencia entre jóvenes debe tener en cuenta los medios digitales como un factor tangible e inseparable de esta.
Referencias
Alonso, N. (7 de noviembre de 2018). El tormento de Katherine Winter: Amigos y compañeros relatan sus últimos meses. The Clinic. https://www.theclinic.cl/2018/11/07/el-tormento-de-katherine-winter-amigos-y-companeros-relatan-sus-ultimos-meses/
Bandura, A. (1977). Social learning theory. Prentice Hall.
Berger, P., y Luckmann, T. (2003). La construcción social de la realidad. (S. Zuleta, Trad.). Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1966).
Costas, M. E. (s.f.). Representaciones sociales. Universidad Nacional de Tucumán, Facultad de Filosofía y Letras.
Flores, P., y Browne, R. (2017). Jóvenes y patriarcado en la sociedad TIC: Una reflexión desde la violencia simbólica de género en redes sociales. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 15(1), 147–160.
Funk, J. B., Baldacci, H. B., Pasold, T., y Baumgardner, J. (2004). Violence exposure in real life, video games, television, movies, and the Internet: Is there desensitization?. Journal of Adolescence, 27, 23–39.
García Martínez, J. A., Castaño Benavides, A., Herra Chaves, M., Villalobos Zamora, N., y Fallas Vargas, M. A. (2024). Normalización de la violencia en redes sociales: Un estudio de casos con adolescentes costarricenses. CPU-e, Revista de Investigación Educativa, (38), 1–25. https://doi.org/10.25009/cpue.v0i38.2864
Goffman, E. (2006). Estigma. La identidad deteriorada. (L. Guinsberg, Trad.). Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1963).
Munn, L. (2019). Alt-right pipeline: Individual journeys to extremism online. First Monday, 24(6). https://doi.org/10.5210/fm.v24i6.10108
OCDE (2021), Estudios económicos de la OCDE: Chile 2021 , Publicaciones de la OCDE, París, https://doi.org/10.1787/79b39420-en .
T13. (10 de julio de 2024). Grababan antes a sus víctimas: Carabineros detuvo a banda que exhibía sus delitos mediante redes sociales. T13. https://www.t13.cl/amp/noticia/nacional/carabineros-detuvo-banda-exhibia-sus-delitos-mediante-redes-sociales-10-7-2024
Tajfel, H., y Turner, J. C. (1979). An integrative theory of intergroup conflict. Advances in Experimental Social Psychology, 13, 47–79.
Unidad de Género y Participación Ciudadana. (2023). Resultados Consulta Ciudadana Virtual sobre Violencia Digital. Subsecretaría del Interior.

Organización de ideas: 6.7
Comprensión: 6.9
Contenido: 7.0
Aspectos formales 6.5
Ponderación: 6.8
Organización de ideas: 6,6
Comprehensión: 6
Contenido: 5,7
Aspectos formales: 6,5
Nota ponderada 6,1