{"id":405,"date":"2025-07-08T20:48:31","date_gmt":"2025-07-09T00:48:31","guid":{"rendered":"https:\/\/agencements.net\/psicologia-social-i-2025\/?p=405"},"modified":"2025-07-08T20:48:35","modified_gmt":"2025-07-09T00:48:35","slug":"discusion-y-analisis-infancia-tecnologia-y-subjetividad-desde-una-perspectiva-interseccional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agencements.net\/psicologia-social-i-2025\/2025\/07\/08\/discusion-y-analisis-infancia-tecnologia-y-subjetividad-desde-una-perspectiva-interseccional\/","title":{"rendered":"Discusi\u00f3n y An\u00e1lisis: Infancia, tecnolog\u00eda y subjetividad desde una perspectiva interseccional"},"content":{"rendered":"\n<p>Hablar de infancia y tecnolog\u00eda es hablar del presente, ya no se trata de una novedad, sino de una realidad social instalada, los ni\u00f1os y ni\u00f1as nacen, crecen y se desarrollan en entornos profundamente mediados por lo digital. En este contexto, surgen preguntas urgentes como por ejemplo: \u00bfC\u00f3mo influye esta exposici\u00f3n temprana a la tecnolog\u00eda en su desarrollo cognitivo y en su desempe\u00f1o escolar? \u00bfQu\u00e9 tipo de subjetividades se est\u00e1n construyendo en la infancia digital? \u00bfY c\u00f3mo se intersectan estas experiencias con dimensiones como el g\u00e9nero, la clase social o el territorio?<\/p>\n\n\n\n<p>Esta discusi\u00f3n no puede reducirse a los beneficios o da\u00f1os de las pantallas. Se trata, m\u00e1s bien, de analizar desde una mirada cr\u00edtica y situada, qu\u00e9 formas de vida, qu\u00e9 tipos de infancias y qu\u00e9 desigualdades se est\u00e1n reproduciendo o cuestionando a trav\u00e9s del v\u00ednculo con lo tecnol\u00f3gico. Para ello, la teor\u00eda de Nikolas Rose sobre las tecnolog\u00edas del yo, el concepto de estigma de Erving Goffman, la mirada territorial de Varela y Pol, los aportes psicosociales de Lombart y la interseccionalidad de Avtar Brah resultan claves.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los primeros objetivos de este an\u00e1lisis fue comprender c\u00f3mo la exposici\u00f3n temprana a la tecnolog\u00eda influye en el desarrollo cognitivo y en el desempe\u00f1o escolar de ni\u00f1os y ni\u00f1as en etapa preescolar y b\u00e1sica. Desde una mirada tradicional, este an\u00e1lisis se abordar\u00eda desde la neurociencia o la psicolog\u00eda del aprendizaje. Sin embargo, aqu\u00ed proponemos que el desarrollo cognitivo debe entenderse como un proceso socialmente situado, que no ocurre en el vac\u00edo, sino que se configura en contextos cargados de desigualdad, discurso y poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo a Nikolas Rose (2007), los dispositivos tecnol\u00f3gicos no son meras herramientas, sino tecnolog\u00edas del yo pues producen formas de ser, de pensarse, de regularse. Un ni\u00f1o que usa una app educativa que premia el rendimiento con estrellas, aprende a auto vigilarse, a autorregularse y a definirse por lo que produce. Este proceso genera una subjetividad ajustada a los valores del neoliberalismo, como eficiencia, superaci\u00f3n, autonom\u00eda. Pero, \u00bfQui\u00e9n puede sostener esa autoexigencia?<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed entra la interseccionalidad como propuesta de an\u00e1lisis. Tal como lo plantean Zapata, Garc\u00eda y Chan de \u00c1vila (2013) retomando a Avtar Brah, las desigualdades sociales no act\u00faan de forma aislada, sino que se entrecruzan en cada experiencia vivida. Una ni\u00f1a mapuche que vive en un sector rural no tiene la misma experiencia tecnol\u00f3gica que un ni\u00f1o urbano de clase media, aunque ambos accedan a un dispositivo. Las condiciones materiales, simb\u00f3licas y culturales que rodean ese acceso son radicalmente distintas, y por tanto, tambi\u00e9n lo son sus efectos subjetivos.<\/p>\n\n\n\n<p>Erving Goffman nos entrega herramientas fundamentales para entender qu\u00e9 ocurre cuando el ni\u00f1o no se ajusta a ese modelo ideal de \u201csujeto digital\u201d. Su teor\u00eda del estigma se\u00f1ala que la sociedad espera ciertas conductas, ciertas capacidades, ciertos ritmos. Cuando un individuo no los cumple, es percibido como diferente, \u201cfallado\u201d, menos valioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Aplicado a la infancia digital, esto se traduce en diagn\u00f3sticos apresurados (como el TDAH), etiquetas escolares (\u201cpoco participativo\u201d, \u201cdistra\u00eddo\u201d), o incluso en exclusi\u00f3n. Un ni\u00f1o que no logra concentrarse en las plataformas escolares, o que no tiene acceso constante, puede ser estigmatizado no por su capacidad, sino por no cumplir con un ideal social.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta situaci\u00f3n se agrava cuando el entorno no reconoce los factores estructurales que explican esa diferencia. Como explican Zapata y colegas, la interseccionalidad nos obliga a mirar qui\u00e9nes son los m\u00e1s vulnerables al estigma, y por qu\u00e9. \u00bfEs un problema de motivaci\u00f3n individual, o un efecto de la pobreza, del racismo, del capacitismo o del abandono estatal?<\/p>\n\n\n\n<p>Otro objetivo importante fue analizar el rol de la mediaci\u00f3n adulta en el uso de tecnolog\u00edas durante la infancia. Aqu\u00ed tambi\u00e9n se reproduce una narrativa dominante: la de los padres \u201ccomprometidos\u201d que supervisan el tiempo de pantalla, que eligen contenidos, que estimulan cognitivamente a sus hijos. Sin embargo, este ideal responde a un modelo de familia de clase media, con tiempo disponible y acceso a informaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En contextos de vulnerabilidad, muchas veces la mediaci\u00f3n est\u00e1 ausente o limitada, no por negligencia, sino por precariedad. Madres que trabajan todo el d\u00eda, cuidadores sin alfabetizaci\u00f3n digital, hogares sin conectividad estable, etc. En estos casos, la tecnolog\u00eda se vuelve una forma de contenci\u00f3n m\u00e1s que de aprendizaje, y su uso responde a necesidades inmediatas, no a planes pedag\u00f3gicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Rose y Brah coinciden en que la mediaci\u00f3n no es neutra, porque transmite discursos, expectativas y normas. Si la mediaci\u00f3n adulta est\u00e1 atravesada por la urgencia, la desigualdad o la sobrecarga, el ni\u00f1o recibe un mensaje complejo sobre lo que vale, sobre lo que se espera de \u00e9l y sobre c\u00f3mo se relaciona con el conocimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Varela y Pol aportan una dimensi\u00f3n clave, el territorio como generador de subjetividad. El lugar desde donde un ni\u00f1o o ni\u00f1a se conecta a la tecnolog\u00eda no es indiferente. No es lo mismo crecer en una zona urbana con acceso a centros culturales, que en una comuna estigmatizada, sin espacios comunitarios y con servicios limitados.<\/p>\n\n\n\n<p>El estigma territorial afecta la forma en que los ni\u00f1os se ven a s\u00ed mismos, pues un ni\u00f1o que vive en un barrio denominado \u201czona roja\u201d no solo enfrenta barreras materiales para acceder a la tecnolog\u00eda, sino tambi\u00e9n cargas simb\u00f3licas que lo posicionan como deficitario ante los ojos del sistema escolar y de sus propios pares. Este ni\u00f1o puede internalizar la idea de que \u201cno sirve para aprender\u201d o que \u201cest\u00e1 destinado a fracasar\u201d, incluso antes de haber tenido una oportunidad real.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas pol\u00edticas p\u00fablicas en Am\u00e9rica Latina han buscado reducir la brecha digital a trav\u00e9s de la entrega de dispositivos o la conexi\u00f3n a internet. Pero como plantean Lombart y Brah, el acceso no equivale a inclusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Si no se considera la interseccionalidad en el dise\u00f1o de pol\u00edticas, se corre el riesgo de reforzar las exclusiones. Repartir tablets en escuelas sin capacitaci\u00f3n docente, sin acompa\u00f1amiento familiar y sin contenidos pertinentes, no mejora el desempe\u00f1o escolar: profundiza la distancia entre quienes pueden apropiarse de la tecnolog\u00eda y quienes no.<\/p>\n\n\n\n<p>Las pol\u00edticas deben reconocer la diversidad de experiencias infantiles, y dise\u00f1ar estrategias flexibles, contextualizadas, con enfoque de derechos y justicia social. Esto incluye formar a docentes para leer las diferencias no como d\u00e9ficit, sino como puntos de partida diversos. Tambi\u00e9n implica escuchar a las comunidades y a las propias infancias en el dise\u00f1o de contenidos, plataformas y metodolog\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo se ve esto en la vida cotidiana?<\/p>\n\n\n\n<p>En una escuela p\u00fablica de Santiago, se implement\u00f3 un programa de aprendizaje con tablets. Los estudiantes con apoyo familiar mostraron mejoras; otros, sin acompa\u00f1amiento, no pudieron avanzar. En una comunidad mapuche, un grupo de ni\u00f1os utiliza celulares para grabar videos en su lengua y subirlos a redes. En ese caso, la tecnolog\u00eda se convierte en instrumento de recuperaci\u00f3n cultural y resistencia subjetiva. Durante la pandemia, miles de estudiantes en Chile y Am\u00e9rica Latina desertaron del sistema escolar por falta de conectividad. No se trat\u00f3 solo de abandono escolar, sino de expulsi\u00f3n simb\u00f3lica, el sistema no los consider\u00f3 al dise\u00f1ar la respuesta digital.<br>Estos ejemplos muestran que la infancia digital no es una experiencia homog\u00e9nea. Es una vivencia profundamente marcada por estructuras sociales, econ\u00f3micas y culturales.<\/p>\n\n\n\n<p>Discutir la relaci\u00f3n entre infancia y tecnolog\u00eda no puede seguir reproduciendo los enfoques simplistas de \u201cuso moderado\u201d o \u201cexceso de pantalla\u201d. Lo que est\u00e1 en juego es la forma en que se construyen los sujetos, se asignan los lugares sociales y se distribuyen las oportunidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Una mirada interseccional, como la de Avtar Brah, nos obliga a preguntarnos no solo qu\u00e9 hacen los ni\u00f1os con la tecnolog\u00eda, sino qu\u00e9 hace la tecnolog\u00eda con ellos, dependiendo de su lugar en la estructura social.<\/p>\n\n\n\n<p>Volver a los objetivos iniciales nos permite cerrar con una s\u00edntesis clara:<\/p>\n\n\n\n<p>-La tecnolog\u00eda influye en el desarrollo cognitivo, pero ese impacto est\u00e1 mediado por las condiciones sociales, familiares, escolares y territoriales.<br>-Los efectos negativos o positivos no est\u00e1n en los dispositivos, sino en el tipo de acceso, el contenido disponible y la mediaci\u00f3n afectiva y pedag\u00f3gica.<br>-La mediaci\u00f3n adulta es fundamental, pero no puede exigirse como si todas las familias tuvieran las mismas posibilidades.<br>-Las pol\u00edticas deben ser interseccionales, reconociendo la diversidad de experiencias infantiles y ofreciendo respuestas contextualizadas.<br><\/p>\n\n\n\n<p>En definitiva, no hay una infancia digital, sino muchas. Reconocer esas diferencias es el primer paso para construir una educaci\u00f3n m\u00e1s justa, una tecnolog\u00eda m\u00e1s humana y una sociedad m\u00e1s democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Goffman, E. (2006\/1963). Estigma e identidad social. En <em>Estigma. La identidad deteriorada<\/em> (pp. 11-55). Amorrortu.<\/p>\n\n\n\n<p>Rose, N. (2011). Identidad, genealog\u00eda, historia. En <em>Cuestiones de identidad cultural<\/em> (pp. 214\u2013250). Amorrortu Editores<\/p>\n\n\n\n<p>Valera, S., &amp; Pol, E. (1994). <em>El concepto de identidad social urbana: Una aproximaci\u00f3n entre la psicolog\u00eda social y la psicolog\u00eda ambiental<\/em> (pp. 1-27).<\/p>\n\n\n\n<p>Zapata, P., Garc\u00eda, M., &amp; Chan de \u00c1vila, P. (2013). <em>Interseccionalidad: una aproximaci\u00f3n situada a las desigualdades sociales<\/em>. Polis (Santiago), 12(35), 15\u201335.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hablar de infancia y tecnolog\u00eda es hablar del presente, ya no se trata de una novedad, sino de una realidad social instalada, los ni\u00f1os y ni\u00f1as nacen, crecen y se desarrollan en entornos profundamente mediados por lo digital. 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